Tomas Escobar.
¿Preocupación u oportunidad?
Históricamente, las revoluciones industriales han tenido un fuerte impacto en la sociedad, generando grandes cambios en los diversos ámbitos que la componen como el político, económico y social. La historiografía tradicional identifica tres grandes revoluciones industriales, las cuales han traído innovaciones tecnológicas disruptivas que, además de los beneficios ya conocidos, han generado malestar en los trabajadores no altamente calificados debido a la incertidumbre generada por la naturaleza intrínseca de estas innovaciones.
A estas tres revoluciones industriales se le suma, en los últimos años, una cuarta que tiene como una de sus principales innovaciones el desarrollo de la Inteligencia artificial. Esta revolución posee las siguientes características:
1) La velocidad de su crecimiento, que se entiende en parámetros exponenciales.
2) La profundidad y la amplitud que está comenzando a tener la cooperación de diferentes tecnologías que permiten hablar de un cambio de paradigma.
3) El impacto que llegará a tener sobre sistemas complejos ya establecidos como lo son grandes industrias y compañías (Schwab, 2007).
La Inteligencia Artificial (IA), cobija a una gran variedad de aplicabilidades y segmentaciones debido a que puede ser empleada de diversas maneras y para distintos fines. Sin embargo, al igual que tecnologías de revoluciones anteriores, la IA es disruptiva en muchas industrias, a tal punto que su potencial máximo y posibles impactos son aún desconocidos. Esta incertidumbre ha generado distintas reacciones en la comunidad académica respecto a cómo se debe gestionar esta tecnología.
Por una parte, se pone énfasis en los posibles efectos que la no regulación de las tecnologías de IA pueden tener. Autores como Orman, (2013) defienden una mitigación de riesgos, apostando por un uso consciente y precavido de estas tecnologías. No obstante, sigue siendo un reto determinar cuáles son estos riesgos en el momento justo y así evitar repercusiones negativas. Otra idea que encaja en esta postura es la implantación de regulaciones a través del estado para limitar los efectos negativos.
Por otro lado, existe otra corriente de pensamiento que considera que la postura mencionada anteriormente podría llegar a ser perjudicial. Así, autores como Reed (2018) abogan por una táctica diferente llamada wait and see (esperar y ver). Debido a que las tecnologías de IA tienen una amplia gama de aplicabilidades y es, aún, poco comprendida. medidas regulatorias genéricas podrían afectar, de manera negativa, el proceso de desarrollo e innovación de este tipo de tecnologías.
Estas discusiones académicas tienen un fuerte eco en la población trabajadora generando preocupación. Tal como lo demuestra un estudio realizado por Nesta (Bakshi et al., 2015), los puestos de trabajo que se verán menos afectados por tecnologías de IA son los que requieren de una mayor creatividad. Por otra parte, un estudio realizado por Frey & Osborne (2017), concluye que en Estados Unidos un 47% de los empleos están en riesgo de ser automatizados lo cual le daría la razón a la postura de implementar regulaciones de las tecnologías de IA. Sin embargo, otro estudio concluye que solo un 9% de los trabajos en Estados Unidos estaban realmente en riesgo y que el estudio anterior no había tenido en cuenta la variabilidad de las tareas que desarrollan las personas en trabajos complicados de automatizar (Arntz et al., 2016).
Como podemos constatar, los estudios en este campo no son muy concluyentes en cuanto al impacto que pueden tener las tecnologías. No obstante, es importante reconocer que estas tecnologías son muy eficientes y que se van a seguir desarrollando y perfeccionando sin saber concretamente cuál será su tope, lo cual genera la siguiente pregunta, si estas tecnologías que pueden llegar a ser más eficientes que las personas a las que reemplazarían, ¿Qué se puede esperar del futuro laboral?
Para responder esta pregunta se requiere de la reflexión y de la participación de los diversos actores involucrados en el proceso de transformación y adaptación de las tecnologías de la IAi a las industrias. Dado que estos actores se ven impactados de manera diferenciada, es importante que cada uno de estos se vea representado, entre ellos es importante recalcar la presencia de políticos que sean versados en esta temática, ejecutivos de diferentes industrias, líderes gremiales que velen por los intereses de la fuerza de trabajo y técnicos expertos en tecnología de inteligencia artificial (Etzioni & Etzioni, 2017). Esto será un reto para todos los países que decidan adoptar este tipo de tecnologías.
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Referencias bibliográficas.
Arntz M, Gregory T, Zierahn U (2016) The risk of automation for jobs in OECD countries: A comparative analysis. OECD Social, Employment and Migration Working Paper 189 (OECD Publishing, Paris).
Bakhshi, H., Frey, C. B., & Osborne, M. (2015). Creativity vs. robots. The Creative Economy and The Future of Employment. Nesta, London.
Etzioni, A., & Etzioni, O. (2017). Should artificial intelligence be regulated? Issues in Science and Technology (issues. org), Summer.
Frey CB, Osborne MA (2017) The future of employment: How susceptible are jobs to computerization? Technol Forecast Soc Change 114:254–280
Orman, L. V. (2013). Technology as risk. IEEE Technology and Society Magazine, 32(2), 22-31.
Reed, C. (2018). How should we regulate artificial intelligence? Philosophical Transactions of the Royal Society A: Mathematical, Physical and Engineering Sciences, 376(2128), 20170360.
Schwab, K. (2017). The fourth industrial revolution. Currency.

